Obligar a un hombre a intentar olvidar, ¿se imaginan? Hay que pensarlo un poco más para entender que eso también es una forma de tortura. Un día amas a alguien y de pronto tienes que exigirte pensar en otras cosas, leer libros, salir, adoptar nuevos pasatiempos, etcétera. Pero, ¿es eso una solución real? Parecería que sí hasta que un día despiertas agitado luego de un sueño en el que aparecen tus fantasmas.
Caprichosos los juegos del destino y estúpidos nosotros quienes sin importar cuanto hayamos logrado, olvidamos en un segundo lo que nos hizo daño y corremos, inocentes, hacia las atractivas fauces de la decepción que toma la forma de su rostro, que te llama suavemente con esa voz que intentas olvidar.
Pasan los días sin freno, el tiempo puede ser medido pero no controlado.