Pasa el tiempo y amaina la tormenta inclemente, la catástrofe implacable que inundaba las ciegas, sórdidas, tardías tardes de invierno, de verano y de otoño que ocurrían durante mi inconsciencia del alma. Mis manos ya no están impregnadas de tu perfume, y aunque a veces se tornan evocativas, el penetrante aroma suave de la nicotina las envuelve, y me transporta nuevamente a un lugar más seguro, un lugar donde vuelves a ser sólo un recuerdo inofensivo. una canción que escuché hace tiempo y que hace tiempo supo estremecer mi ser hasta los huesos.
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