Se entrega al sueño viéndome trabajar, cerrando a cuentagotas sus ojos verticales, intensos, tan felinos. Repetitivo su lenguaje casi inaudible, melodía de tranquilidad, descanso para el alma.
Soy inmortal el instante en que sostiene su pata sobre mi mano, tocándome a mí, mundano, con la elegancia majestuosa de un espíritu que se materializó muy tarde en este mundo y llegó a ser perfecto.
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